De Estambul a Venecia: día 2

Día 11 de Julio del 2013: Atenas

Tras atracar en el puerto de Atenas a las 14:00, salimos del puerto con la intención de coger el metro hasta la Acrópolis. El calor era realmente asfixiante (no exagero si digo que rondaríamos los 35 grados a la sombra) y la hora no acompañaba demasiado, así que me unté bien en crema solar para no aparecer de nuevo en Madrid siendo la niña cangrejo.

El camino se hizo eterno, aunque un simpático lugareño nos indicó el camino cuando nos vió perdidos en la estación. Solo quedaba subir una montañita y ¡voila! ahi tenemos todos los templos.

De alguna forma vilmente premeditada, nuestro crucero coincidió con uno aún más grande si cabe, lleno de italianos. Así que ahí estamos, en la cima de la Acrópolis junto a 2.500 españoles de nuestro barco, y unos 3.000 del otro. Agobio. Calor. Colas eternas.

Pero una vez dentro ¡fiu! La gente se arremolina bajo el Partenon (Aunque no comprendo muy bien porqué, ya que está lleno de andamios por todos sus lados menos la zona de atrás) y yo huyo, refugiándome en las sombras que encuentro, a ver la zona que realmente me interesa: El templo de Atenea Niké. 
Vale que prácticamente todos los frisos están en el British Museum, y que básicamente lo que vemos es una reconstrucción de 1800 pero, ¡Qué coño! Sigue siendo impresionante. Me subo a un pedrusco y oteo el horizonte: a lo lejos pueden verse algunas ruinas, entre ellas un templo rodeado de vegetación,.

Tras atravesar la acrópolis y conseguir no quemarme, decidimos bajar caminando por la falda de la montaña hasta llegar a Plaka, el barrio más emblemático de Atenas.
Sin embargo, a medio camino descubrimos una calle llena de anticuarios y tiendas de segunda mano ¡me encanta! Nos entretenemos hasta el infinito, y el tiempo se pasa volando, la gente de las tiendas es super amable y el trato que nos dan es maravilloso. Resulta que estamos en Monasteriaki, uno de los barrios más antiguos de la ciudad.

Queda poco tiempo para que tengamos que volver al barco, así que buscamos algún sitio para comer. Me zampo algo llamado “zucinni”, una especie de falafel de ¿zanahoria? cubierto con salsa de yogurth. Más tarde descubro que el restaurante en cuestión tenía un 5 en tripadvisor.

Volvemos al barco y subimos a la cubierta para disfrutar del aire fresco mientras el barco zarpa del puerto de Atenas. Me tomo una piña colada y una hamburguesa mientras veo cómo se pone el sol…la calma me invade por dentro y durante unos segundos me invade un sentimiento muy grande de felicidad. Ojalá pudiese ver esto todos los días.

Ya en la cena, nos sirven comida típica griega con nombres impronunciables: algo frito con queso feta y tomate y unas hortalizas absurdas rellenas de arroz que no me han gustado nada de nada, llamadas dolma. De postre, delicioso pastel de queso e higos y una baklava. Si no vuelvo rodando será un milagro.

De Estambul a Venecia: día 1

 

Noche del 9 al 10 de Julio del 2013:  Madrid / Estambul

 

El avión despegó de Barajas a las 23:55 de la noche, y yo, que me caía de sueño después de haberme pasado más de una semana estudiando un mínimo de seis horas al día (oh, el maldito proyecto de fin de carrera) morí en cuanto toqué el asiento. Turkish Airways se portó de maravilla: Cuando me desperté estaba cubierta por dos suaves mantitas, y habían colocado un plato de comida humeante delante de mi. ¡Ñam! Carne asada con verduras, ensalada, los típicos panecillos con mantequilla/queso de untar, pastel de ciruela  y un buen vaso de zumo de manzana. Y para terminar, un bollito estilo baklava hecho con pistachos que estaba de rechupete, desde luego una de las mejores comidas de avión que he tomado en mucho tiempo.

Llegamos a Estambul a las 5 de la madrugada, y tras pasar infinitos controles de seguridad y pagar los visados, conseguimos rescatar la maleta de una marabunta de Españoles iracundos.

El autobús está esperándonos a la salida para llevarnos al barco: un crucero gigantesco con 10 cubiertas. No es que sea especialmente fan el “rollo crucero”, pero todo hay que probarlo una vez en la vida.

El camarote resultó ser interior, aunque bastante cómodo. Mi cama es una litera superior, con un colchón que me hace no querer levantarme nunca más. Pero ¡chsss! Si quiero ver aunque sea un poco Estambul ¡No puedo dormirme!

Así que para arriba, a la cubierta 9, que hay buffet de desayuno. En ese mismo momento daría lugar lo que sería el comienzo de una larga relación entre Amarna y los dátiles ¡Pero qué ricos que estaban! 

A las ocho menos cuarto de la mañana, y sin haber tocado todavía una cama, comienza nuestra excursión: Primera parada, la mezquita azul.

De camino nos paramos en el hipódromo, donde vemos un obelisco del templo de Karnak (¿?) que Teodosio el grande decidió traerse de recuerdo cuando anduvo por tierras egipcias. Español tenía que ser.
También la llamada “Columna serpentina“, una maravilla hecha de bronce que originalmente se erigía en el Templo de Delfos.

Hacemos treinta minutos de cola en la puerta de la mezquita para descubrir al entrar que…HUELE MUCHO A PIES. Claro, todos descalzos y con el calor que hace, la entrada era un hervidero de olor a queso. A mi me ponen un sayo de pies a cabeza porque no puedo entrar con los hombros ni las piernas al descubierto. No problemo. Huyo a la parte delantera, lo más pegada al mihrab que me permite la valla, y saco fotitos de las impresionantes azulejerías. Es muy muy bonito, (Especialmente la parte superior) pero empiezan a entrar hordas de turistas y nos marchamos pronto.
 

Decidimos ir andando hasta el palacio de Topkapi, y por el camino descubro la cantidad de tórtolas que hay por todas partes ¡Pero qué bonito! También me sorprende que los árboles, tamaño XXL, han sido modificados para que se integren en la ciudad: Hay puestos de comida que se entremezclan, y cámaras de seguridad (¿?) y farolas (¿¿??) directamente enganchadas a las cortezas.

El palacio resulta ser precioso, aunque demasiado grande como para verlo en un par de horas. Los jardines son inmensos y entramos en una sala de exposiciones donde se muestran relojes y armas antiguas. Impresionante, pero yo, que entre el calor y el sueño comienzo a dar cabezadas, decido salirme y acurrucarme en un banco de los jardines.

Una vez todos reunidos de nuevo, cogemos un autobús que nos deja cerca del Gran Bazar. Todo está muy limpio y bien organizado, las galerías están techadas y los vendedores son tremendamente respetuosos (Creo que después de ir al bazar del Cairo tenía unas expectativas realmente terribles). No compramos nada, pero me divierto haciendo fotillos de los amuletos con forma de ojo azul y los puestos de especias.

Volvemos al barco, donde hacen un simulacro de emergencia (seriously?) y acabamos todos haciendo el chorra con los chalecos salvavidas. Yo y el 99% del barco estamos muriendonos de hambre, así que en cuanto abren el buffet caen hostias por conseguir las cosas ricas.

Me mantengo en la sombra comiendo gazpacho rico mientras veo cómo zarpamos del puerto. Siguiente parada: Atenas.