Cómo llegar a la meditación a través del dolor (Confesiones de una masoquista)

Ya hablé en otro artículo sobre mis tendencias masoquistas y porqué puedo llegar a encontrar placer en las sensaciones dolorosas. En él mencionaba el concepto de “subspace“, ese nirvana terrenal al cuál puedes llegar a través del BDSM.

Pues bien, en el post de hoy quiero explicar cómo se puede alcanzar una condición de meditación profunda gracias al dolor.

El llamado “Subspace” es un estado de trance. Cuando una sensación dolorosa de alta intensidad se repite en el tiempo, tu cuerpo deja de luchar contra ella y tu mente acaba perdiendo las nociones de espacio y de tiempo para embarcarse en un vuelo fuera de tu ser ¿Sigues estando consciente? Si, pero te encuentras en un estado de consciencia alterado, igual que los que se pueden conseguir con las drogas, los ejercicios de midfullness o la hipnosis.

Con las sensaciones de dolor intenso, tu cuerpo y tu mente han de concentrar toda su energía en una sola idea: combatir el daño. Todos tus sentidos se bloquean, tu cuerpo comienza a segregar adrenalina y dejas de pensar. El miedo te paraliza. Llegado cierto punto, simplemente te abandonas a las sensaciones, y entras en trance.

No has de tener expectativas sobre la sesión, ni has de intentar alcanzar el subspace. Deja que las sensaciones vengan a ti tranquilamente y abandónate a ellas como si fueran un regalo. Intentar forzar el subspace puede impedir que llegues a él. A mi me sirve concentrarme en mi propia respiración mientras recibo el dolor.

 
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Si quieres probarlo, lo más importante es que lo hagas con una persona de confianza, que sepa tus límites y tenga la cabeza sobre los hombros. En mi caso particular, pierdo hasta tal punto la conexión con mi cuerpo y el mundo real, que me cuesta muchísimo parar una situación, o decir “no” a algo. Estoy en tal estado de euforia que mi cuerpo solo pide más. Apenas puedo hablar. Y es ahí donde entra la labor de la otra persona, parando cuando lo considere conveniente. Por supuesto, se han de pactar una serie de acuerdos claros antes de empezar la sesión, para determinar donde están tus límites y que fronteras no hay que traspasar. La situación ha de estar bajo control en todo momento.

Uno de los trucos de comunicación no verbal que he aprendido durante estos años es el de los dos apretones: el dominante ha de apretar tu mano de vez en cuando (previamente pactado, of course) para chequear que todo está correctamente, si respondes con dos apretones es que todo está bien y la sesión puede continuar. Cuando hablar se hace complicado, esta es una manera segura de poder continuar el juego. En caso de que no haya apretones de vuelta, la situación finaliza y comienza la bajada al mundo real.

Es importante que la bajada del “subspace” sea lenta. De esta manera tu mente puede volver a un estado normal poco a poco, y acostumbrarse al mundo real. Normalmente yo no puedo (ni quiero) hablar hasta pasado un buen rato después de la experiencia, y suelo necesitar una media hora de relajación para volver a ser yo. Mientras tanto, estoy tan calmada que suelo necesitar tumbarme o sentarme en algún lugar. En este momento las caricias, los abrazos y el after care son necesarios, ya que tu cuerpo y tu mente se encuentran frágiles, todavía en periodo de adaptación. Puede que necesites horas e incluso días para poder procesar todo lo sucedido.

En mi caso, el vínculo que creo con mi dominante es tan fuerte que hasta días después tengo una sensación intensa de “globazo” cada vez que recuerdo la experiencia.

La primera vez que llegué al subspace fue a través del shibari, pero poco a poco he ido aprendiendo que con las personas adecuadas, se puede llegar a este estado de mil y un maneras diferentes. Si queréis ejemplos prácticos, podéis ver algunas de mis escenas con Kink.com, entre ellas la que hice para “Hogtied” o mi primer día en “The training of O“. Y mira que ahí he de mantener medianamente la consciencia, para poder estar atenta a las cámaras y que la grabación sea decente 😛

Cabe decir que en un estado de subspace profundo, se pueden llegar a tener alucinaciones.

¡Espero que os sirva! Si tenéis preguntas, dejadlas en los comentarios 😉

Sobre mis experiencias en el BDSM y un conjunto especial de lencería.

Me gusta el BDSM desde que tengo uso de razón. No tuve ese “despertar sexual” del que tanto hablan, en el que un día te levantas por la mañana y repentinamente descubres que eres sádica, que te gusta que te asfixien, o que sientes placer con el dolor.

Mi evolución fue muchísimo más sutil y paulatina. Empecé a interesarme por temas sexuales cuando tenía unos 13 años. Por aquel entonces estaba perdidamente enamorada de una chica de mi clase, pero nunca vi mi bisexualidad como algo extraño o que tuviese que ocultar. Con el BDSM me pasó lo mismo, aunque ni siquiera me planteaba que aquello que me excitaba pudiese tener nombre. Fui creciendo y durante la adolescencia se sucedieron fantasías relacionadas con la dominación, las cuerdas, la inmovilización.

Como siempre he sido de ideas abiertas y he estado interesada en explorar los límites y las fronteras de mi sexualidad, probé alguna tontería con mi primer novio, pero la cosa no fue a más.

Finalmente a los 19 años compartí mi vida con una chica increíble, y tan interesada en las prácticas sadomasoquistas como yo. Por aquel entonces me consideraba bastante dominante (Luego las cosas fueron evolucionando y ahora soy completamente versátil) y en nuestros encuentros sexuales se sucedían los intercambios de poder, ella siempre actuando como mi sumisa, y yo castigándola de las mil y un maneras que se me ocurrían. Fue todo un descubrimiento, y sentí que se me abrían las puertas del cielo. Experimentábamos todas las cosas que se nos pasaban por la mente, sin importan como de locas pareciesen y dejando completamente a un lado todos los prejuicios y normas sociales. Desde entonces he seguido experimentando con las fronteras del placer y el dolor, el ceder mi cuerpo de forma voluntaria a otra persona, y he sentido los mil y un placeres de mi revolución sexual personal. La antítesis de la normatividad. Porque en el sexo, el único límite lo pone mi imaginación.

Y todo este ladrillo ¿A que viene? Pues quería poneros en situación para explicaros porqué la primera vez que entré en la web de Malicieux, el primer apartado que busqué apresuradamente fue el de “Juguetes BDSM”. Y entonces, la vi a ella.
Sophie. El conjunto de lencería más bonito que os podáis imaginar, vestido por una espectacular modelo pelirroja (Si, cierto, tengo debilidad por las pelirrojas).
Así que me lo pedí. Y aquí está el esperado review al respecto 🙂

La primera impresión fue buena: caja primorosamente empaquetada y con unas etiquetas pegadas por los chicos de Malicieux “Una vez abierto no se puede devolver”. Me parece perfecto, ¡Porque no tengo pensado devolvérselo a nadie!
Una vez abierto, cae un paquetito transparente con todos los objetos en su interior: correa para el cuello, braguitas con cintas que suben hasta el cuello y un par de pezoneras.

Vamos por partes:

-El conjuntito es minúsculo, bastante más pequeño de lo que parecía en la foto de promoción. Y el tejido ¡oh terror! es parecido al vinilo. Por algún motivo a los fabricantes les encanta usar este material para las prendas de ropa fetish, y personalmente nunca lo he entendido. Es cierto: brilla y tiene un toque glam que puede quedar muy chulo pero ¡Se estropea muy facilmente! Ahora, como está nuevo y recién sacado de la caja, no pasa nada. Pero la experiencia me dice que de aquí a un par de años empezará a cuartearse. Mala noticia: úsalo mucho porque durará poco. Las costuras tampoco son especialmente fuertes, pero me gusta la disposición de las cintas alrededor de la cadera. Aun así, sin verlo puesto no puedo juzgar demasiado, así que guardaré las críticas para la segunda parte de la reseña.

Correa: va unida a la pieza del cuello con una pequeña pincita, como las que se usan en las correas de perro. Es bonita pero parece frágil.

Pezoneras: Hechas con el mismo material que el cuerpo del conjunto, y con tachuelitas de metal a los lados. La mejor noticia es que tienen pegamento autoadhesivo ¡y son reutilizables! No hay cosa que deteste más que unas pezoneras de usar y tirar. Con lo bonitas que son ¡Las quiero usar varias veces! Además, son grandecitas, perfecto para mis pezones grandes, que normalmente se salen por fuera de las pezoneras convencionales.

Le pego un último repaso a la prenda antes de proceder a probármela. Hay algunas costuras fuertes y otras que parecen mas endebles. ¡El tiempo dirá cuánto aguantan!
 


 

Paso a probarme el conjunto y tras la confusión inicial (¡hay muchas tiras por todas partes!) me pongo todas las piezas. GUAU. Mira que he sido criticona, pero la verdad es que queda impresionante. Como pequeños detalles: la zona de la braguita es estrecha y deja ver mis pelillos púbicos por los lados. No es que me parezca antiestético pero desde luego es un detalle a tener en cuenta si (como yo) no eres especialmente fan de la depilación genital. Las pezoneras cuadran perfectamente con el tamaño de mis pezones, tal y como predije, lo cual le da unos cuantos puntos de ventaja a cualquier conjunto de lencería estándar. Pero lo mejor es la parte de atrás, que se adapta perfectamente al culo y me hace unas curvas impresionantes.

¿Contras? La tira central, que sube desde las braguitas hasta mi cuello es un poco larga, y si no tengo la espalda completamente erguida hace unas arrugas bastante feas. Estos son los fallos de vender prendas con talla única: que si eres pequeña va a sobrar o faltar tela por alguna parte. Lógicamente este conjunto está pensado para alguien con un torso más largo que el mio (mido 1.63) pero aun así, queda muy bonito si estoy con la espalda estirada.
La argolla del cuello es estéticamente muy bonita pero poco sólida, así que no recomendaría el tirar fuerte de la correa, o probablemente se rompa.
Mi veredicto final es que es perfecto si vas a asistir a una fiesta fetichista o quieres darle una sorpresa a tu pareja, pero se queda un poco corto si quieres practicar BDSM de forma un poco más bestia.

Aquí tenéis cómo queda puesto:
 


 

Dicho todo esto, aquí va mi lista de ventajas:
-Es objetivamente muy sexy.
-Es muy cómodo.
-Las pezoneras son anchas, perfectas para chicas con aureolas grandes. ¡Y son autoadhesivas!
-La parte de la braguita se adapta perfectamente a las caderas y el culo.
Económico: Por 38,95€, merece la pena comprarlo. ¡Y puedes reutilizar las pezoneras y la cadena para otros conjuntos!

Y desventajas:
-El tejido no parece muy duradero.
-La talla única puede dar problemas si eres una chica pequeña.
-La argolla del cuello parece poco firme como para utilizar la correa dando tirones serios.

LIMPIEZA: 9

PLACER: 3

USABILIDAD: 7

PRECIO: 8

Total: 6,75

Mi veredicto final es una nota de 6,75 (Aunque hay que mencionar que en placer he puesto una cifra baja porque un conjunto de lencería no te provoca ningún tipo de placer directo).

Os reto a que lo probéis por vosotros mismos, aquí lo tenéis ¡Y dadme vuestras opiniones y reviews!

Por qué disfruto con el dolor (Confesiones de una masoquista).

Lo confieso: soy masoquista. Me encanta el dolor, adoro sentir cómo mis terminaciones nerviosas se retuercen ante el sufrimiento punzante.
Y como he visto pocas reflexiones al respecto por internet…¡Aquí está la mía! Las confesiones de una masoquista.

¿Porqué disfruto con el dolor?

Las sensaciones que puedes percibir a través del sufrimiento físico son mucho más intensas, mucho más vívidas y mucho más tangibles que las que sientes a través del placer.
Al final es todo una cuestión de dominio, gestión y manejo de tu cuerpo, sentimientos y emociones. A través del autocontrol, el daño puede llegar a ser placentero. ¿Y esto, cómo se hace?

A efectos fisiológicos, la linea que separa el dolor del placer es muy delgada: ambas sensaciones activan las mismas conexiones neuronales a través de un proceso en el que nuestro organismo acaba segregando las llamadas “hormonas de la felicidad”. Y es que la dopamina y la endorfina molan mucho, señores.
En el caso de placer, estos neurotransmisores hacen que tengamos una sensación agradable, mientras que con el dolor, está destinada a que “duela un poquito menos”. Y la disminución del dolor genera una recompensa, un alivio que puede ser interpretado como sensaciones placenteras.

El mejor ejemplo que puedo poner tiene que ver con el deporte: Imaginaos escalando una montaña, jugando un partido de fútbol o corriendo una maratón. Son acciones que producen malestar físico ¿verdad? Te duelen las piernas, te salen ampollas y los músculos se agarrotan, pero a la vez proporcionan una gigantesca recompensa emocional. Puede que el camino sea duro, pero cuando dejas de correr y tomas aliento, te sientes increíblemente bien…el “no dolor” se transforma en placer.

Esto no es todo: una vez te embarcas en el paraíso masoquista, aprendes a controlar tu dolor y a manejar las sensaciones que te produce. Puedes aguantarlo a tu antojo, o dejarlo ir con cada golpe.
En mi caso concreto, cuando llego a cierto grado (alto) de dolor físico constante, mi mente se queda en blanco. Mi nirvana personal está definido dentro de las prácticas BDSM como “subspace” y es lo más parecido que he encontrado a la meditación. Básicamente, entro en trance. Dejo de sentir el daño y me encuentro en un estado de serenidad absoluta. Me cuesta abrir los ojos y apenas percibo el mundo exterior.

Además, como todos vosotros, tengo miedo al sufrimiento. El miedo genera adrenalina, mi corazón comienza a latir al máximo. La respiración se acelera, el cuerpo comienza a palpitar. Tiemblo. Lloro. Mis niveles hormonales se disparan y ¡boom! tengo un auténtico colocón de sensaciones extremas.

En mi caso, el dolor controlado y consensuado es una forma ideal de ampliar las puertas de mi percepción y experimentar con estados alterados de conciencia 🙂

Para terminar, aquí os dejo una cita de Sade y unas cuantas fotos de mis lecciones en “The training of O” con el gran James Mogul, que me definió como una Smart ass masochist 😛

¡Disfrutadlas, y dadme vuestras opiniones!

“No hay ninguna clase de sensación que sea más viva que el dolor; sus impresiones son seguras, no confunden para nada como las del placer.”

 
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Luchando contra los nervios antes de mi rodaje para “The Upper Floor”

Empecé a escribir este post ayer mismo mientras esperaba muerta de los nervios a que me llamasen para rodar mi escena.

Estoy dentro de The Armory, el castillo propiedad de Kink.com situado en medio de San Francisco. Grande, imponente y con un millón de habitaciones laberínticas. Tengo un nudo en el estómago y estoy muy, pero que muy nerviosa.
Después de cinco años en la industria, no es para nada normal que sienta estas mariposas antes de una escena, pero es que ¡Es Kink! La compañía a la que llevo admirando y siguiendo desde que tengo edad para usar un ordenador.

Y eso no es todo, mi estreno dentro de este campo de juegos del BDSM es nada más y nada menos que en “The Upper floor“, una fiesta llena de invitados en la que otra sumisa (Savannah Fox) y yo seremos torturadas hasta llegar al límite por Maestro, James Mogul y Maestro Stefanos. Impone bastante ¿Verdad? Pues aquí estoy, mordiéndome las uñas y dando vueltas de un lado para otro mientras me preparo para la grabación. Me han dado el vestuario: unos ligeros, medias, un par de esposas y un collar al cuello. No deja mucho a la imaginación.

Mis principales dudas son ¿Será demasiado duro? Soy bastante masoca pero también tengo mis límites… ¿Me tratarán con cuidado? En prácticamente todas mis escenas hasta la fecha siempre he hecho de dominante, así que no sé cómo me sentiré siendo la parte sumisa del juego….¡Ya os contaré qué tal!

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Escena acabada. G-u-a-u. No tengo palabras.
Me he corrido tantas veces que ni siquiera sé cómo me quedan fuerzas para escribir esto 🙂 Esta ha sido probablemente una de las mejores escenas que he hecho en mi vida.
Ha habido sexo salvaje, un público maravilloso, corridas explosivas (cuando salga la escena lo entenderéis…) y hasta una competición de squirtings. Maestro, Stefanos y James han sido increíbles. Me han atado, me han follado y me duelen tanto las tetas que no puedo ni subir los brazos, pero QUÉ BIEN ME LO HE PASADO.

Repetiré con Kink, 100% seguro 🙂 Y mientras esperáis a que salga la escena, por aquí os dejo unas cuantas fotitos del backstage. Hay pocas porque estaba bastante, ejem, ocupada ¡Pero que espero que os gusten!

Diferencias entre maltrato y BDSM

Viendo el revuelo que ha causado mi artículo sobre “50 sombras de Grey” y la avalancha de mensajes y comentarios positivos, he decidido compartir este gráfico sobre las diferencias entre una relación de maltrato y una relación BDSM. Y es que la pareja que protagoniza la famosa trilogía tiene unos comportamientos que considero como mínimo tóxicos y bastante poco saludables.

Si, está en inglés pero creo que se entiende perfectamente. Aquí tenéis:

TheDifferenceBetweenBDSMAndAbuse

Y para terminar, un pequeño texto de Michel Foucault que Madame X posteó en los comentarios de la otra entrada ¡No puedo estar más de acuerdo!

 

“… No creo en absoluto que esa multiplicación de prácticas sexuales guarde ninguna relación con la actualización o la revelación de tendencias sadomasoquistas escondidas en lo profundo de nuestro inconsciente. El sadomasoquismo es mucho más; es la creación efectiva de nuevas e imprevistas posibilidades de placer. La creencia de que el sadomasoquismo guarda relación con una violencia latente, que su práctica es un medio para liberar esa violencia, de dar rienda suelta a la agresividad es un punto menos que estúpida. Es bien sabido que no hay ninguna agresividad en las prácticas de los amantes sadomasoquistas; inventan nuevas posibilidades de placer haciendo uso de ciertas partes inusitadas del cuerpo, erotizándolo. Se trata de una suerte de creación, de proyecto creativo, una de cuyas notas destacadas es lo que me permito denominar desexualización del placer. La creencia de que el placer físico procede simplemente del placer sexual y de que el placer sexual es la base de cualquier posible placer es de todo punto falsa. Las prácticas sadomasoquistas lo que prueban es que podemos procurarnos placer a partir de objetos extraños, haciendo uso de partes inusitadas de nuestro cuerpo, en circunstancias nada habituales, etc.”